29.11.06

Olor a café

Me desperte con el olor a café recién hecho. Me incorporé y te vi entrar con la bandeja del desayuno. Siempre pensé que aquello era tarea del hombre y me sentí un tanto incomodo.

-Shh - me interrumpiste cuando iba a decir algo. - hoy me toca ser a mi el galán.

Desayunamos juntos en la cama; tu las tostadas y yo tu mirada. Cuando acabaste retiré la bandeja y la posé en suelo. Me volví a incorporar; te habías echado y me mirabas desde la almohada. Me tocaste y mi cuerpo se estremeció. Te acercaste a mis labios y cerraste los ojos. Me deje llevar...

Tu albornoz se fue al suelo con la primera caricia dejando ver tu cuerpo desnudo. Mis manos se perdieron entre aquellas curvas que se desvelaban entre la luz que dejaba pasar la persiana. Te aprete fuerte contra mí y te besé el cuello. Siempre me gusto hacerlo porque nunca te pudiste resistir. Me gustaba la sensación de poder sobre tí, aunque fuera una sensación falsa pues nunca supe contradecirte.

Nos enredamos como tu pelo, alborotado al despertar. En tus gotas de sudor se condensaba tu cariño y no quise dejar ninguna sin tocar; como tu cuerpo que se convirtió en toda mi obsesión. Me abriste el alma como otras veces, pero no fue igual. El amargo sabor a despedida estaba impregnado en tí, en mí. Te hice el amor como nunca por que temía que nunca pudiera volver a verte.

Después te tuviste que marchar. Me quedé tirado en la cama, frío, pensativo. No lo podía permitir, cogí una camiseta y un pantalón del armario y salí corriendo a por tí...