2.4.06

Dulce

Joder, era dulce incluso mientras la mataba. Podría jurar que mientras alguno de sus huesos se rompía en mil pedazos el sonido era como un gemido; pero no un gemido de dolor, ni uno de placer morboso, un gemido de amor, el típico gemido que emiten cuando las abrazas, o cuando tienes un buen gesto con ellas.

Era tan dulce, que casi me arrepentí de haberlo hecho. Pero no había otra opción. Los negocios son los negocios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me recuerda a un sueño que tuve hace muchos años en el que tenía que cargarme a un tio vendado rompiéndole los huesos mientras me miraba con una mirada impresionante.

P.D. No sabes donde vivo, verdad? xD

F.R.

Manu dijo...

Procura no aparecer nunca en mi lista.