Joder, era dulce incluso mientras la mataba. Podría jurar que mientras alguno de sus huesos se rompía en mil pedazos el sonido era como un gemido; pero no un gemido de dolor, ni uno de placer morboso, un gemido de amor, el típico gemido que emiten cuando las abrazas, o cuando tienes un buen gesto con ellas.
Era tan dulce, que casi me arrepentí de haberlo hecho. Pero no había otra opción. Los negocios son los negocios.
2 comentarios:
Me recuerda a un sueño que tuve hace muchos años en el que tenía que cargarme a un tio vendado rompiéndole los huesos mientras me miraba con una mirada impresionante.
P.D. No sabes donde vivo, verdad? xD
F.R.
Procura no aparecer nunca en mi lista.
Publicar un comentario