Vuelve a ser como eras, por favor. La niña de aquel vestido de flores. La del tirante que deslizaba su fina tela por tus hombros y moría intentando escapar, intentando huir desnudando tus pechos con una caricia de seda.
Vuelve a reír entre mis brazos, y a bailar entre campos de adormideras rojas como una mota más de color en el lienzo de la vida. Como una impresionista sonrisa entre impresionantes sonrisas bordadas de azules y naranjas y rojos fuego abrasador .
Vuelve a dejarte caer; con la sonrisa cómplice de quien quiere robar un alma; trémula y desnuda; titilante como una estrella lejana de las que casi nos contemplan. Siénteme mientras tu piel convulsiona al frío y al calor y tu cuerpo arde y se quema y danza.
Róbamela, el alma, róbamela. Y cierra los ojos, y muerde tus labios, y duerme, desnuda.
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