Llueve a cántaros.
Llueve fuera.
Llueve dentro.
Una vorágine retuerce el cielo
y las gotas estallan en mi ventana
como dardos en la noche.
Un estallido en el pecho rompe el silencio
y un crepitar moribundo de cenizas
se desvanece como un susurro.
Llueve.
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