¡Asfixiame! Rodeame el cuello con tus manos y apretalas sin piedad. ¡Aguanta! Espera a que mi piel se ponga morada y mis ojos dejen ver todo el dolor de quedarme sin aire ¡Un poco más!
Ahora acercame a tu pecho y, cuando no me quede un gramo de aire en los pulmones, libera mi cuello... dejame respirarte.
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