Era diferente; diferente. Llevaba en la mirada la mirada del mar y en los labios su sabor a sal; a sal y a agua, a vida. Tenía arena fina en la piel, delicada y blanca, y rota por mil olas y tempestades, y golpeada por mil guijarros. Bella.
Era diferente; diferente. Bailaba como bailan los sueños, entrelazandose unos con los otros entre hilos de seda y alambre de espino, y hablaba como los bosques; como los bosques, sin abrir la boca y articular palabra.
Era diferente; diferente. ¡Diferente! Se fue... pero se quedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario